Construir un suelo sano
Alimenta el suelo y el suelo alimenta a las plantas
Un suelo sano es menos una sustancia que un sistema vivo: granos minerales, aire, agua, raíces, hongos y miles de millones de microbios. Tu tarea no es alimentar a las plantas directamente, sino mantener ese sistema alimentado y sin alterar.
Los tres hábitos que importan
Añade materia orgánica cada año, altera el suelo lo menos posible y mantenlo cubierto. Sirven el compost, el estiércol bien descompuesto y el mantillo de hojas. Basta una capa fina extendida en superficie cada otoño; las lombrices la bajarán por ti.
Qué evitar
- Cavar o fresar sin necesidad: consume la materia orgánica.
- Dejar el suelo desnudo en invierno; siembra un abono verde o acolcha.
- Pisar los bancales mojados, que expulsa el aire que necesitan las raíces.
- Recurrir al fertilizante rápido antes de resolver la estructura.
Quien dedica cinco años a mejorar su suelo pasa los veinte siguientes disfrutándolo.
Las guías del índice de abajo tratan el riego y el acolchado, los dos hábitos que protegen la estructura que estás creando. Para el panorama general, consulta salud del suelo.
